¿Me podré defender?

Duda típica de los alumnos que comienzan.

Entre las muchas interrogantes que se plantean los alumnos está una que es recurrente y parte normal del avance. Se refiere a la reacción que tendrán en el caso de ser atacados, si serán capaces de defenderse. Aunque no entrenamos para pelear, es indudable que todas las técnicas apuntan a ese aspecto y ponen énfasis en ser efectivas. Una posición, un bloqueo, un golpe, deben ser ejecutados con mucha precisión. Dentro de la práctica se aprenden muchas cosas pre fabricadas: me atacas de tal manera y yo reacciono de tal otra. Esto induce a pensar que habría que saber todas las formas posibles de ataques y defensas, lo que es imposible. Se trata de enseñar conceptos generales que se aplicarán de manera particular. Se crea una comprensión de una situación, una reacción óptima y segura. Se entrenan diferentes distancias y formas de responder. Todo esto no garantiza que una persona vaya a reaccionar bien en una situación dada ya que eso no sólo depende de un conocimiento técnico sino que de una actitud. Es por eso que los samurai buscaban la actitud perfecta, lo que los llevó a adentrarse en el budismo zen.
Aprender solamente técnicas sin otro contenido no tiene sentido. Es así que el entrenamiento apunta a una actitud aunque esto no sea muy notorio para los alumnos. Se trata de desarrollar armónicamente el cuerpo sin descuidar la parte emocional ni la intelectual. El intelecto tiene que saber los principios, por ejemplo que se debe ceder ante la fuerza y cómo hacerlo, buscar los puntos débiles del contrincante aprovechando su fuerza, saber los riesgos que se corren y saber cómo protegerse. El cuerpo debe reaccionar rápido, fluido, aplicar bien las fuerzas, estar equilibrado, moverse aplicando los mejores ángulos, tener fortaleza. Pero todo esto no es posible si la parte emocional no ayuda. Me acuerdo de una sobrina que daba su examen de grado, muy bien preparada, según ella no tendría problemas. El día del examen no le salió la voz, no pudo articular palabra. Fue un desastre. Lo mismo puede pasarle a una persona que solamente sabe técnica. En un momento de peligro puede quedar paralizado o sobre reaccionar. Tengo muchos ejemplos de esto. Por ejemplo, mi hermano Javier estaba en un paradero de micro con unas cajas escribiendo agachado encima de una de ellas. Sintió un ruido que no correspondía proveniente de detrás de él. Soltó todo y se incorporó. Era un vehículo que venía descontrolado por la vereda. Esperó a que se acercara para no equivocarse y moverse hacia el lado errado y en el momento preciso salto y eludió al auto. No fue lo mismo para otro transeúnte que quedó perplejo viendo el auto que se acercaba y fue atropellado.
La reacción adecuada depende de muchas cosas y todas deben ser entrenadas, no en los casos particulares, sino que en los conceptos generales involucrados. En una situación de riesgo no se puede reaccionar erróneamente. Por ejemplo, es equivocado pelearse, arriesgar la vida por un motivo insignificante, por que alguien lo insultó, lo desafió, lo miró feo. Es típico de las peleas de jóvenes en centros nocturnos que terminan mal, hasta en muertes.
Si la persona ha entrenado bien, su reacción será la adecuada. Hay muchos casos en los cuales la reacción es inapropiada, con efectos fatales. Por ejemplo, en una ocasión un asaltante amenazó con un cuchillo a un practicante de full contact. Al parecer la intención del asaltante era quitarle el dinero, pero el practicante de full contact reaccionó como le era habitual, subió rápidamente las manos para cubrirse la cabeza, con lo cual el asaltante, probablemente del susto, le clavó el cuchillo en el estómago. Casi muere por una reacción mecánica inapropiada.
También tengo muchos ejemplos de casos casos en que la reacción ha sido precisa, simple, efectiva y definitiva. Creo que lo principal es conocer las propias limitaciones y las del arte marcial que se practica para tener una buena reacción. Hay disciplinas marciales que contemplan solamente un tipo de concepto, por ejemplo que el atacante va a atacar con las piernas, o que va a tratar de sujetar, o que va a atacar desarmado, o que el atacante será solo uno. Por otro lado no puedo esperar que un desplazamiento, bloqueo o golpe mio tenga la efectividad requerida si no lo he practicado lo suficiente. Verse envuelto en una pelea puede ser algo muy grave y el motivo tiene que ser muy poderoso para correr un riesgo de esa magnitud. En Brasil se contaba el caso de un infante de marina, experto en artes marciales que mientras paseaba por la playa un adolescente, casi un niño, le arrebató la billetera. Lo persiguió y arrinconó. Al verse acorralado y corriendo grave riesgo por la diferencia de tamaño y fuerzas, el ladrón en su desesperación golpeó al militar nadie sabe cómo dejándolo fuera de combate y se escapó. Según el comentario, el militar defendía su billetera, en cambio el ladrón defendía su vida, los motivos eran claramente diferentes. Una vez un alumno, Antonio Torres, le consultó a Sensei Oshiro quién ganaba un combate. Probablemente esperaba una respuesta como que ganaba el más fuerte o el más rápido. Sensei Oshiro le dijo que lo más probable era que ganara quién tenía un motivo más poderoso. Ante la cara de incomprensión de Antonio, Sensei Oshiro le puso el siguiente ejemplo: Si un león pelea con una leona, gana el león por su tamaño y fuerza. Pero si el león ataca a un cachorro de la leona, esta es capaz de vencer al león. Su motivo es superior.
Otro aspecto importante es que hay que hacer muchas prácticas relacionadas con el combate, tales como uchi komi, go no sen, sen no sen. De esta manera uno se familiariza con los posibles ataques, defensas y contragolpes. Sin embargo no creo que sea conveniente practicar mucho kumite. La razón es que cuando se practica mucho el kumité se transforma en algo aparentemente conocido y familiar y se pierde la sensación de riesgo que tiene todo verdadero combate. Según mi parecer y experiencia, el kumite debe ser practicado de vez en cuando para verificar el avance del alumno, pero no como una rutina. Hay que recordar que esto es diferente a un shiai o kumite deportivo, el cual indudablemente que debe ser practicado mucho si el atleta pretende ganar.
Creo que el problema no es saber si podré reaccionar ante un ataque sino que creer que uno está preparado, estar seguro. Hay mucha gente que se cree capaz de defenderse y no tiene miedo ni precaución. Ese es un gran riesgo. Lo más recomendable es no exponerse a situaciones de riesgo, estar atento. Muchas veces a las personas las asaltan porque se exponen, dejan que se acerque gente desconocida, o no se da cuenta de las intenciones hasta que es tarde. Al mismo alumno Antonio nombrado más arriba muchas veces le advertí que se arriesgaba mucho y que era confiado, hasta que un día en las inmediaciones del estadio nacional unos tipos se acercaron a pedirle fuego y lo dejaron en calzoncillos!
¡A cuidarse y no exponerse!

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