Enseñar Karate, Primera Parte

Acerca del buen profesor.

Enseñar karate es como armar un rompecabezas donde las piezas deben encajar perfectamente para que se forme la figura. El practicante no alcanza a vislumbrar al comienzo esta figura pero el profesor sí. Además, cada persona viene con algunas piezas listas y otras no. Por ejemplo, algunas personas no tenemos estado físico o elongación o coordinación… Es responsabilidad del profesor comprender esto ya que, de otro modo, exige cosas que no son posibles. Por ejemplo, pedirle que separe más las piernas a un tieso y retarlo porque no lo hace, o tratar de obligar al alumno a que haga una determinada flexión si no tiene la musculatura adecuada. Estos ejemplos que pongo son reales. Hay varias formar de enseñar. Yo me inclino por la personalizada y gradual. Esto implica tener un orden para cada persona. Saber en qué etapa de cada cosa va cada alumno. Obviamente, este sistema no sirve para grandes cantidades de alumnos, pero permite que todos aprendan, desde un niño hasta un viejo. Además, requiere un lenguaje adecuado para cada persona, según su cultura y profesión. En esto tenemos algunas bromas, como la de los ángulos rectos: si el practicante no es capaz de hacer ángulos rectos… ¡seguro que es ingeniero!
Bromas aparte, no hay que olvidar que somos occidentales. Eso significa varias cosas y la más importante es que no tenemos la capacidad de copiar, es decir de observar con detalle algo y repetirlo. Esto lo he comprobado en todas las disciplinas orientales que practico. En shoodo (caligrafía japonesa), por ejemplo, una persona puede observar detenida y repetidamente un trazo y no darse cuenta que éste tiene una pequeña curva. En cambio, el japonés tiene una gran capacidad de observación, quizás por su escritura, lo que le permite imitar muy bien algo sin necesitar explicaciones. Podríamos decir que aprenden de afuera para dentro. Es así que los japoneses en general no tuvieron éxito en las primeras aproximaciones de enseñanza ya que mostraban sin explicar nada y los occidentales copiaban mal sin entender nada.
Siempre cuento el caso de mi amigo Yoshio Hashimoto, ingeniero que vino al país al comienzo del boom de la telefonía a instalar equipos y adiestrar a las personas que se harían cargo. A raíz de una amiga en común a la que le daba terapia shiatsu, después de haber sufrido el congelamiento de los pies en una ascensión. El observaba mientras yo hacía shiatsu. Como a la tercera sesión, viéndolo que observaba con la típica atención japonesa le digo que ya debe saber bastante shiatsu. La paciente pregunta por qué y le cuento de la capacidad de observación de los nipones y hago el comentario de cómo se enseña en Japón y que acá no se puede enseñar como en oriente y blablablá…Yoshio comenzó a reír estrepitosamente y contó su experiencia: Estuvo armando y haciendo funcionar computadores telefónicos durante tres meses. Un día les dice al equipo que trabajaba con él que ahora ellos harían solos el trabajo. El comentario fue al unísono: ¡pero nosotros no sabemos! Yoshio les dice que hace tres meses que lo están viendo como se hace y ellos dicen: si, ¡pero nunca nos ha explicado nada! Plop.
Los occidentales necesitamos saber por qué, la causa, las razones para entender y luego poder hacer algo. Podríamos decir que aprendemos de adentro para afuera. El oriental no. Es así que para que una persona logre hacer correctamente por ejemplo una posición Sanchin hay que explicarle que ésta es una posición de gran solidez para lo cual se requiere que los pies y piernas vayan en determinado ángulo para que los músculos puedan contraerse y etc. Por eso, el profesor debe saber muy bien todas las razones: qué va primero, por qué, cómo… Y al ser este estilo tan amplio, no es fácil. Es así que la formación de un profesor lleva años. No solo debe saber hacer muy bien las cosas sino que debe saber las causas, el orden. De otro modo, no enseñará el arte sino que solamente enseñará técnicas. Esta diferencia se comprueba cuando un practicante ha dejado de entrenar por muchos años. Al retomar, si ha aprendido solo técnicas no se acordará de mucho pero si ha aprendido el arte, al poco tiempo se moverá tan bien como antes. Es por eso que retomar la práctica a quienes han aprendido el arte les es fácil, a diferencia de los que solamente han aprendido técnicas que se les hace tan cuesta arriba que es corriente que abandonen de nuevo.
Por otro lado, ya no es como antes en que se respetaba ciegamente la autoridad de un cinturón negro. Ahora, si un practicante ve que un cinturón negro está enseñando o haciendo algo mal se lo dirá sin problemas. Esa es la jerarquía que vale, la del que sabe, independientemente del grado que tenga. Las personas además son más exigentes y si un profesor no les gusta lo dicen o lo evitan. Por otra parte, para aprender bien es bueno enseñar. Por eso en los diferentes grados consideramos que es necesario y positivo que sepan dirigir partes de la clase para que aprendan mejor. No se piense que todo lo que se enseña son técnicas, ya que estas son solamente una vía para llegar a otros aspectos como los emocionales, por nombrar alguno. No es lo mismo que alguien no pueda hacer algo porque le falta elongación a que no pueda por temor. El profesor debe saber advertir que tipo de obstáculo es el que enfrenta el alumno para poderlo ayudar.
Es así que un buen profesor tiene que tener una capacidad de observación para captar los detalles que van más allá y que no se ven a simple vista. En este sentido es muy importante que los alumnos confíen en el profesor, en que éste sabrá explicar bien, enseñar lo que corresponde en el momento preciso y que no le pedirá hacer algo para lo cual no está preparado. Un buen profesor sabe cuando un alumno está cansado, lesionado, complicado, se siente mal o cualquier cosa por el estilo. Sabe qué exigir y que no. Por eso la confianza es algo que se va ganando y no algo que se impone. Es por esto que el profesor tiene una gran responsabilidad, ya que, si lo hace bien obtendrá buenos resultados. Si no lo hace bien, pueden producirse lesiones no sólo físicas sino que también psicológicas. Es mucha la gente que ha practicado artes marciales con malos resultados. Cuando yo era alumno nuevo recuerdo que sufrí muchas lesiones por tratar de hacer cosas para las cuales no estaba preparado. No se trata de eso, ya que las lesiones pueden traer consecuencias cuando las personas son mayores y el karate es para entrenarlo toda la vida.
Si bien hay que aprender a superar las limitaciones, hay que hacerlo de manera inteligente y no a la bruta. Una persona que sufre una mala caída es probable que no vuelva a clases. Por eso hay que estar preocupado de advertir las limitaciones de los alumnos para ayudarlos a superarlas. Hay personas que creen que ser buen profesor es ser muy exigente. Yo creo que hay que exigir cuando corresponde y enseñar a los alumnos a conocer sus limitaciones y a tratar de superarlas por sí mismos. No es gracia que una persona se supere porque el profesor está detrás obligándolo. Por eso, no considero que ser autoritario y exigente ayude mucho en el proceso de aprender. Convencer es mejor que obligar y para esto se requieren buenas razones. Sensei Oshiro comentaba que los profesores nuevos tratan de enseñar todo de una vez como para demostrar que saben.
Aprender, como todo proceso, necesita tiempo, repetición, desarrollo y maduración, No se puede hacer de un momento a otro, por eso es que es importante enseñar a aprender, a fijarse en las cosas básicas importantes, a comprender los principios que hay detrás, a repetir, a corregir y a madurar. Se necesita tiempo y paciencia, lo que en estos tiempos de cosas instantáneas es algo difícil de encontrar. Por lo mismo, un buen profesor no pierde el tiempo propio ni el del alumno enseñando cosas sueltas, deteniéndose más o menos de lo conveniente en cada cosa o no explicando de manera clara y con detalle. Por eso es que al enseñar hay que establecer prioridades. ¿Qué es más importante?, ¿que el alumno tenga un musculo fuerte para resistir un golpe o que sepa moverse correctamente para esquivarlo? Es así que algunos profesores le dan más énfasis a la preparación física que a la técnica. De este tema se puede escribir mucho y desde muchos puntos de vista. Para concluir aquí, por esta vez, quiero recalcar que el ejemplo es muy importante, tanto si nos enseña como hacerlo o como no hacerlo, por tanto, un buen profesor deja espacio para equivocarse con tranquilidad, ya que, de esa forma, se aprende y enseña a aceptar los errores con agradecimiento y humildad. Del mismo modo, da ejemplos apropiados y sobrios ya que no necesita demostrar lo experto que es con demostraciones deslumbrantes. Por otro lado, siempre tiene una respuesta y no necesita ocultar conocimientos como dándose importancia. Por último, el buen profesor comprende que todos estamos en la misma tarea de aprender y que dentro de esta cadena unos saben un poco más que otros, por lo cual, nunca se deja de aprender y que hasta el más nuevo de los principiantes nos puede enseñar cosas importantes del karate que ignoramos.

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