Enseñar Karate, Segunda Parte

Nin, paciencia

Es muy gratificante para un profesor ver los avances de los alumnos, sobre todo cuando éste se debe a la aplicación de los sistemas de enseñanza y no al talento personal del alumno. Pero aparte de esto también está lo ingrato.
Una de las cosas difíciles del entrenamiento es ir venciendo los obstáculos que a uno le impiden avanzar en el camino de irse perfeccionando. Para esto se requiere un alto grado de humildad y aceptación. Las personas que lo tienen van consiguiendo pasar los obstáculos y crecer con ello. Para todos es difícil aceptar que somos descoordinados o que nos falta fuerza o flexibilidad. Sin embargo estas son cosas menores. Los verdaderos obstáculos no son estos que están a la vista de todos sino que los que no vemos y podemos disimular, echar al olvido o responsabilizar a los demás.
Por este lado va una de las facetas ingratas del enseñar, ya que la labor del profesor consiste en ayudar a los alumnos a ver los obstáculos, comprenderlos y vencerlos. Por ejemplo, un alumno al caer se golpea. El profesor tiene que saber la causa, explicarle al alumno que la mano debe ir de otra forma, que la cabeza debe inclinarse en tal sentido hasta que el alumno lo comprenda y lo pueda realizar. Quizás no puede porque tiene temor (a volverse a pegar o a hacer el ridículo, entonces el profesor debe no sólo enseñar la técnica sino que además ayudarle a tener la suficiente confianza en sí mismo para lograrlo. Hasta ahí todo bien. El problema es cuando el alumno no quiere aceptar que, por ejemplo, tiene miedo, o que le da verguenza hacer el ridículo y por eso no lo consigue.
Hace poco tuvimos un ejemplo de esto en clases: al hacer; algo simple un alumno se descoordinaba y no lo conseguía, por tanto le instábamos a repetir la acción para poder corregir la falla, pero se negaba a intentarlo. Aquí quiero hacer un alto para explicar otras cosas que vienen al caso. Me refiero a la actitud de muchas personas de enojarse consigo mismos cuando se equivocan en algo, a la poca tolerancia a la falla o al error. Esto también tiene que ver con la importancia personal, el orgullo y el sentido del ridículo: Como soy importante no puedo permitirme una equivocación, como soy orgulloso no quiero disculparme y me da verguenza que los demás piensen de mi que soy incapaz. En el camino de las artes marciales no existe nadie que sea tan importante que no se pueda permitir un error o equivocación. La aceptación de sí mismo es importante para permitirse cometer los errores necesarios para aprender. La aceptación de nuestra naturaleza nos lleva a tener que aceptar a los demás también como personas que se pueden equivocar por tanto ninguno de nosotros va a reírse o ridiculizar a otro porque se equivocó. Y si uno se ríe lo hace al reconocerse en el otro y aceptarse. El sentido del humor es necesario ya que es una forma de aceptación de sí mismo. Quienes no tiene la humildad de aceptarse y por ende aceptar a los demás difícilmente tienen sentido del humor e interpretan una broma o risa como una burla y una falta de respeto. Las personas más avanzadas en karate u otra arte en nuestra escuela tienen, sin excepción, un gran sentido del humor como para reírse de sí mismos y no sentirse importantes.

Resumiendo, para aprender necesito equivocarme con tranquilidad y humildad. Si un alumno se equivoca y el profesor lo reta, lo ridiculiza o lo castiga lo que conseguirá será que este no quiera continuar. Lo mismo hace el alumno consigo mismo al enojarse cuando se equivoca.

Antiguamente era importante antes de iniciar un camino (DO) tener o traer algunas cualidades como la humildad, la fuerza de voluntad. Por eso los aprendices eran sometidos a pruebas que lo comprobaran o que al menos le hicieran darse cuenta al postulante que necesitaban tener estas cualidades o desarrollarlas. Es común encontrar estos ejemplos en todo tipo de relatos. Un aprendiz comenzaba haciendo labores totalmente ajenas al arte marcial y de una baja importancia como limpiar, hacer labores agrícolas, cocinar y cosas por el estilo. Se entiende que para hacer una labor así, y bien hecha, la persona debe actuar con humildad y meticulosidad. Si se cree demasiado importante para hacer una cosa así difícilmente podrá dedicarle atención a un detalle que puede ser muy importante a la hora de aprender.

No se piense que estos ejemplos pertenecen al pasado. Recuerdo que en una ocasión el Sensei Jorge Rojo me contó una anécdota que le ocurrió estando en la casa del Maestro Tamura en Francia. El Maestro cortaba leña, Jorge, que a esa altura era un niño, se ofreció a ayudar, entonces el Maestro le indicó que amontonara la leña. Me lo imagino haciendo un montón de leña, con la energía que lo caracteriza. La verdad es que hizo un montón de palos desordenado. El Maestro al verlo le indicó que así no se hacía y comenzó a colocar ordenadamente palo por palo. Actualmente en Japón cuando una persona entra a trabajar a una empresa, no importa el título que tenga, Ingeniero por ejemplo, le encargan tareas simples, domesticas, como limpiar, ordenar, repartir correspondencia. Se entiende que si hace tareas de ese tipo con dedicación y humildad está preparado también para las cosas “importantes”.  En las artes marciales no hay cosas poco importantes. Los detalles, por mínimos que sean, son importantes. Es por eso que un buen profesor tiene que exigirle a los alumnos que hagan las cosas bien por mínimas que estas sean. Las personas que se consideran “importantes” suelen no dar le importancia a cosas que consideran poco importantes, como por ejemplo un ejercicio simple de la gimnasia preparatoria. Craso error.

Retomando, nuestro alumno del relato se negaba a repetir y corregir el error. Entonces yo dije: ¡ya! ¡Detengámonos todos, rindámonos, no sigamos! Esto ocasionó la ira del alumno en cuestión que comenzó a retirarse indignado. Al decirle que era una broma (obviamente no nos íbamos a rendir todos por su falta de flexibilidad para aceptar su error y querer intentar hacerlo de nuevo para corregirlo), dijo que no le gustaban las bromas y se retiró.

Casos similares son cuando un alumno no se niega a repetir para corregir pero igual sigue equivocándose en lo mismo u olvidando lo que se le enseña una y otra vez, porque en el fondo no le da la importancia que corresponde.

Es ingrato para un profesor tener que una y otra vez tratar de que los alumnos se enfrenten a sus obstáculos internos como la importancia personal, el orgullo, la falta de humildad, que les impiden aprender las cosas. A un alumno le enseñé y corregí por años los mismos detalles (que le impedían avanzar), muchas veces. Cuando al fin comprendió la importancia de algunas cosas y las comenzó a aprender me dijo que en años no le había enseñado nada. Esa es la parte ingrata pero necesaria, los alumnos que no entienden que la “culpa” no la tiene el empedrado ni el profesor.

Es así que aprendiendo o enseñando se requiere humildad, aceptación, respeto por uno mismo y por los demás, sentido del humor, fuerza de voluntad. Por ejemplo, es usual que cuando una persona se equivoca y vuelve a repetir los demás lo esperemos, porque comprendemos que a todos nos puede pasar y lo aceptamos con humildad. Entendemos que todos estamos juntos en este camino y que al que tropieza no lo vamos a dejar atrás como tampoco nos gustaría que a nosotros nos dejaran en el mismo caso. Es por eso que en los doojos suele haber encontrarse el kanji Nin, traducido como paciencia, o soportar en el cual se representa una katana sobre el corazón la cual tiene una gota de sangre. Tanto en el aprender como en el enseñar nos encontramos con una espada que nos oprime sacándonos gotas de sangre pero que debemos soporta…total, ¿cuándo conseguir algo valioso no ha costado?

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