Arte y artificio

Llegando fin de año y las exhibiciones y graduaciones correspondientes, me viene a la memoria un tema muy extendido entre algunos “artistas marciales”. Se trata de trucos que pretenden pasar gato por liebre con el fin de impresionar a los entusiastas pero incautos espectadores. Me ha tocado ver trucos muy buenos ejecutados por chilenos y extranjeros, algunos de alto grado, cinturón de oro 12 dan, por ejemplo. Consisten, en general, en muestras que pretenden hacer creer que el que las ejecuta tiene alguna “habilidad especial”, un “poder particular”, o una fuerza o resistencia sobrehumana.
Sin duda, que estos “poderes” serían supuestamente entregados por la práctica de sus artes marciales. Es obvio que si estos entregaran esos pretendidos poderes o habilidades extraordinarias, ¿para qué hacer trucos? Es así que algunos de los profesores que tienen estos poderes nunca han podido traspasarlos a sus alumnos y estos, por más que se han empeñado en la práctica, no han podido ver a través de una venda por ejemplo, para cortar pepinos a diestra y siniestra.
Cuando Hernán era chico llegó muy impresionado al ver unos rompimientos de piedras en la tele. Le dije que trajera alguna piedra como la que había visto romper. Trajo una, pero bastante más gruesa y grande. En el patio de la academia la rompí y luego les expliqué el truco. Quedaron primero bastante impresionados y luego bastante desilusionados, pero era necesrio para que aprendieran a diferenciar lo verdadero de lo falso. Pero no solo los niños se engañan sino que también pailones como Jorge a quién le tuve que explicar con todo detalle otros trucos que vió y que lo impresionaron mucho. Pero no es su culpa ya que hay trucos que realmente están brillantemente ejecutados, aunque sean trucos. Al ver algunos de ellos. tan bien actuados, aplaudo a rabiar, aunque sean un engaño no significa que hacerlos no implique un alto grado de dificultad y mucha preparación.
Algunos demostraciones que pueden ser trucos: Cortar cosas con los ojos vendados, cortas sandías o pepinos encima del estómago de una persona acostada sin cortarlo a él, romper bloques de cemento encima del estómago de alguien golpeándolos con un combo, romper ladrillos, tejas, piedras, bloques de hielo, botellas, que un vehículo pase por encima del estómago, detener una flecha con la mano, romper una lanza apoyada en el cuello u otro lugar…
Cuando estos trucos están bien hechos son muy convincentes, pero conociéndolos uno se pregunta por la necesidad de tener que engañar a los demás. Mi respuesta y convicción es que no hay arte cuando se necesita de un truco para impresionar. Es así que, después de ver a muchos “maestros” haciendo trucos uno se desilusiona y comprende la razón de que muchas personas tengan una idea tan equivocada de lo que son las artes marciales. En realidad estas y otras “demostraciones”, a las que me referiré en otra ocasión, solo han conseguido confundir y desprestigiar estos artes siendo ridiculizados.
El verdadero arte no necesita de artificios ni trucos ni demostraciones violentas.

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